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Vida

las dos caras de la expectativa

Un viaje empieza cuando lo concebimos. Sacar los pasajes, elegir qué alquilar, dónde ir y con quién compartir copas son todas actividades placenteras incluso meses antes de concretarlas. Nadie duda que la expectativa positiva genera placer.

En Unbroken, un fantástico libro sobre supervivencia, Louie Zamperini cuenta cómo durante semanas a la deriva en altamar con sus dos compañeros se turnaban para describir comida. No sólo eso, sino que lo hacían con un altísimo nivel de detalle, incluyendo cómo sus madres los preparaban, deteniéndose en cada ingrediente y paso de la receta. Quizás es contraintuitivo pero sorprendentemente dice que eso no les hacía sentir más el hambre sino todo lo contrario: pensar en comida generaba saciedad.

Sospecho que lo inverso es cierto. Cuando la ansiedad nos lleva por el camino de imaginar las peores consecuencias de algo que todavía no pasó empezamos a padecer las pálidas en carne propia. Resulta doblmente nocivo cuando ni siquiera se concretan!

Vale la pena, entonces, sufrir gratuitamente por no poder manejar nuestras propias faltas, imaginarias o no?