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Trabajo

en defensa de la rutina y la repetición

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Es cierto que la rigidez es un pecado cardinal. Hay que adaptarse a los golpes y poner flojo el cuello si te van a impactar, de lo contrario duele más.

Pero también es ineludible que ciertas cosas no se pueden alcanzar sin práctica. Desde las 10,000 horas de Gladwell hasta lo que te podrá decir cualquier deportista, músico o artista, la maestría nace de la disciplina.

Entre nosotros meros mortales eso implica una rutina predecible, una repetición diaria de las bases de nuestro trabajo y una estructura mínima que deje volar.

Si estás constantemente lidiando con estímulos externos de manera reactiva es imposible que generes algo extraordinario.