En mi afán por avanzar siempre busqué la experiencia como bastión ineludible de la fortaleza. Para eso es necesario tener una cierta exposición al mundo exterior, conocer y darse a conocer.
No soy ningún Don Juan de Marco ni muchísimo menos, tampoco un casto servidor del Vaticano. Quizás tuve la desventaja de pasar mucho tiempo en una relación seria, quizás fue una ventaja, un aprendizaje en temas de construcción de compañeros de ruta.

Las mujeres en mi vida tampoco fueron cuatro o cinco de larga data, tuve la dicha de compartir con otras, salir, caminar, comer, hablar, dormir. Rara vez me arrepentí de invertir ese tiempo, no puedo decir que soy la persona que más filtra de todos los que tengo suficiente confianza como para tener ese dato. Tampoco hago caridad o me dejo manipular (demasiado).
Lo que me pasa es que siempre les veo algo. Por veces me animo a bromear "
me gustan todas!" Es mucho más que "
todas tienen algo" para mi. En eso pienso que quizás soy distinto a la media, tengo la maldita bendición de siempre apreciar alguna cualidad.
Realmente lo siento así, siempre veo algo valioso, interesante, atractivo, fascinante. Creo que las mujeres son un misterio, un fenómeno de la naturaleza, un ser increiblemente complejo, interesante, malvado y adorable.
Me encantan las tímidas que no se animan a pedirte pasar al baño, las mujeres con todas las letras que dominan la organización de una noche, esas que tienen tanta confianza que llaman la atención cuando caminan y las menuditas intelectuales talla-de-bailarina que casi parecen una muñeca de porcelana. Siempre me atrajo la simpleza de las chicas de pueblo, su aprecio por todo aquello que les puedas mostrar; amo sentir que aprendo algo en cada conversación sobre literatura, arte o música.

Las mujeres tienen una maldad la que las hace infinitamente interesaantes, una cualidad odiosamente sadista de manipular, histeriquear, lastimar y destruir al sexo opuesto para contrabalancear su reputación de sexo débil (
decile a ese idiota que sangrás todos los meses y no te morís). Esa necesario que esa malicia esté combinada con hermosura, fragilidad, vulnerabilidad sin dejar de ser una fuente de apoyo y fuerza, cuidado y soporte inadulterable.
Así llegan a ser algo que nos mantienen en vilo para satisfacerlas, un objetivo noble de todos nuestros intentos de mejor personal y profesional.
Sin lugar a dudas el shangri-la emocional es encontrar aquella que no tenga solamente
algo sin más bien
todo. Entonces la felicidad es estar junto a ella, que ella esté con vos y hacer todo por ella. Muy atinado en época de fiestas, pero lo magnífico de ese estado es dar todo sin requerir nada a cambio, porque lo que te llena es justamente esa generosidad ciega.
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