La escasez de fotografías simpáticas y sobredosis de seriedad en este sitio me lleva a hacer un racconto de algunas imágenes de este mes, el año pasado.
Recuerdo:
Gugú trabajaba en
Jet, yo lograba ir casi todos los jueves. Solía tener mucho sueño los viernes. A veces venía
Melody.

Había conocido a mi vecino,
Mana, hace unos meses. Su amigo hace gorras marca Fight for your Right, en la foto. El tapiz en esa época estaba solo apoyado contra la pared, me tomó tres meses conseguir taladro, tanza, tornillos y ganas de colgarlo.

Ocasionalmente me visitaba una señorita. Hablaba mucho por telefóno y mirabamos televisión, comíamos takeout y charlabamos de nada en particular.

Jugó
Argentina un sábado, fuimos a verlo a zona norte, a lo de
Benjamín. No andaba bien su tele así que comimos un asado mientras escuchábamos el partido de Senegal y nos fuimos a lo de Nec.
Argentina ganó.

Fue un problema logístico sacar los autos porque el de
Nicolás tenía la batería muerta. Recién se había ido a
Panamá y hubo un problema por desatenderlo durante meses.
Agustín y yo visitamos a mi Viejo un fin de semana, obvio que hacía frío.

Jugó mucho a los
Meccanos de mi viejo,
Vicky lo ayudaba y
Hans interfería. De alguna manera se las rebuscaron y lograron impresionar al Viejo con sus creaciones de ingeniería mecánica.

Nos juntamos un domingo en lo de
Nicole, vimos
Vientos de Agua, comimos mucho, tomamos mucho y charlamos más. Deberíamos repetirlo, no dormía mucho pero no me importaba.

Esa fascinación por lo motriz que tienen los hombres le afectó a
Agustín también. Ama el subte, le da mucha curiosidad. Los trenes normales no tanto, hacen mucho ruido.

Esa noche en casa me tomé la libertad de fotografiarlo en vez de ayudarlo con el rompecabezas. Finalmente me convenció y le di una mano, pero en realidad él la tenía mil veces más atada que yo y lo armó en tiempo record.

Hicimos un pacto: de grande va a ser de
River Plate. Tengo pruebas y las pongo en internet.

Cumplió mi gran amigo
Alejandro, festejó en un restaurant árabe, fiel a su perfíl gourmet. Comimos demasiado, como se suele hacer en esos lugares; también tomamos demasiado, aunque sin lograr que Ale bailara con la odalisca, el cual era el fin real de todo el circo.

También le tocó hostear un domingo de
VDA al padre de la criatura,
Pablo. A mi me tocó un par de veces, pero no cumplí con todos los requisitos y pedí comida en vez de cocinar. Un trucho, pero al menos así nadie se intoxicó con carne cruda.
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