Pasé un excelente fin de semana. Quería compartirlo, porque es muy tentador sólo hablar de pálidas.
Me recompuse con la persona más importante del mundo. Era cuestión de un poco de paciencia, mucha atención y un par de horas de buscar a Wally sentado en mi falda. A veces la vida es complicada, pero otras veces la complicamos nosotros. Terminamos con el plan de pasar tres días juntos la próxima vez, vernos el domingo (
“Papito, cuál es ese día que hay huevos Kinder de los grandes?”
“Domingo de Pascuas, mi amor,”).

Siempre es bondadoso mecha sociales con afectos con deporte, entonces el sábado fuimos los dos a jugar al basket. Él aplaudía, abucheaba al otro equipo y jugaba con mi celular cuando se aburría. Yo hubiera dado mi brazo derecho a los 6 años por cell modelo 2008 con cuarenta juegos cargados, producto del metier de mi Padre. Me tocó jardín con perro y jungle-gym en Scarsdale, no me quejo, pero la tecnología no había llegado.
(Lo que hubiera dado a los 16 por una PC con internet es tópico de otro post.)
Sábado de Dylan finalmente no fue tal, entonces cambiamos un té en casa por unas pastas en lo de PM. Solo quiero decir que los departamentos de quienes trabajan en escenografía son otro tema. Lo quiero contratar para que haga mi nueva casa, dentro de unos meses. Se niega aduciendo falta de tiempo, pero me tengo fé.

Además vi unas películas que superaron ampliamente mis expectativas (
3:10 to Yuma,
Eastern Promises), otra que no cumplió por lo mucho que la esperaba, pero me gustó (
There will be blood), y dos que me parecieron de lo mejor que vi en mucho tiempo (
Atonement,
Juno).
Con la excusa de mantener entretenido al petiso conseguí unos jueguitos nuevos para la computadora, entonces doy por cubierto mi tiempo liberado. Como debe ser.
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