pro-age
Pienso que hay tantas cosas que me gustan de mi vida, muchas que serían imposibles si tuviera 20. Admito que un poco grande me siento con 28 años, un hijo que empieza el colegio y pronto a adquirir mi primer propiedad en base al sudor de mi trabajo.
Lo cierto es que hay una serie de cosas que no podés hacer más y otra serie de cosas que aprendés a hacer de grande.
No podés salir más con chicas menores a 20 años, te vuelven loco. El espectro superior se abre, podés invitar a salir una veterana pulenta bien conservada y te pega el baile de tu vida, dejando varios aprendizajes para la posteridad.
Aprendés a no forzar las cosas, dejar que te lleguen. Convertís tu lado testarudo en persistente, tu tendencia necia en convicción.
Jugar 5 partidos de fútbol en la semana está fuera de cualquier posibilidad; sin embargo si lográs meter dos partidos semanales y mecharlo con gimnasio día por medio sin lugar a dudas tendrás mejor cuerpo que la mayoría de las personas de tu edad.
No tenés más el crédito de la juventud, no podés aludir ignorancia; sin embargo recibís respeto sin buscarlo. El mero hecho de tener cierto track record habla por si solo y te abre muchas puertas.
No podés tomar más el licor más potente y barato del maxikiosco, te rompe el hígado al medio. Tampoco es algo que querrías hacer de todas maneras, ahora que tenés claro que un vodka de menos de USD 15 la botella está vedado de tu organismo.
Tenés muchos más compromisos financieros, logísticos y otherwise; con la misma moneda podés disponer por completo de tu dinero, tu tiempo y tu ubicación. Hacer lo que querés no tiene precio.
Yo pienso que envejecer es positivo siempre que crezcas, madures, aprendas de tus errores y vivas una vida interesante. Además es inevitable, entonces más vale buscarle el lado positivo.

