(todavía no hay tequila, sexo y marihuana no habrá, pero whatever)
El jueves estuve todo el día bastante freakeado organizando el viaje. Tenía que cerrar las últimas reuniones, mandar algunos documentos y justificar un par de forecasts. Hijo del rigor, trabajé como héroe, rindiendo al máximo con poco tiempo y bajo presión. Sin dudas sería más eficiente con más trabajo, por la obligación de optimizar y rendir a tope.
Sin embargo todos sabemos que nadie opera así, si no nos apretan un poco las bolas nos quedamos en el letargo inerente a la responsabilidad.
Con todo aparentemente cocinado salgo en taxi desde la oficina, tenía que pasar a buscar cosas por lo de mi vieja y correr a casa, con el tiempo corto y todo sincronizado.

Lógicamente dejé mi abultado llavero puesto en el gabinete de la oficina. Llamada a hermanita que acababa de entrar (atendió la quinta llamada a casa, yo al borde de la desesperación) y roommate que venía del gym y todo OK.
Mientras sudaba en el asiento trasero de un 504 pensaba una y otra vez cuanto me cago en Murphy, sus leyes, su ubiquidad y la puta que lo parió.
El viaje fue bastante poco anecdótico, como todo viaje. Es imposible estar postrado cual inválido durante 12hs en un asiento y "pasarla" bien, pero si tenés una almohadita Samsonite, un Economist y un buen libro la pasás mejor.
Amo cuando sub-venden el vuelo y puedo invadir una serie de asientos desocupados. Arriba a México y acorde a todos los pronósticos HACIA FRIO. O sea, en el imaginario colectivo es un desierto y hace 45 grados a la sombra, pero acá resulta que es otoño. Hemisferio norte, remember?

Al llegar al hotel me encuentro con la ingrata sorpresa de que el WiFi está roto y sólo tengo internet en el Business Center. La infradotada de la recepción pretende disminuir mi incredulidad con la oferta de dejarme usarlo "sin cargo por la falla en el inalámbrico". Infeliz, como si eso fuera a reducir en siquiera 10% mis impulsos de meterles la reserva por popa y cambiar de hotel.
Voy a desayunar masticando bronca. Elegí el hotel porque aludía tener arquitectura francesa y estaba dentro del rango menor de precios ofrecidos (la empresa me paga el finde y quería ponerle onda), pero cobraban el desayuno y no tenían internet. La peor. Hay mejores hoteles en
Asunción.

Termino, subo, prendo el modem y me encuentro con 10 redes incluida la del hotel, que funciona a la perfección. No sólo es idiota, sino que está desinformada. Mi mezcla de éxtasis por tener internet y bronca por el mal rato sólo se puede comparar a la sensación que tiene una madre al recuperar un niño extraviado. Todavía no me convenzo si lo que debo hacer es hacerla echar por asustarme o felicitarla por la sorpresita que me dio su desinformación.
Un baño ritual de inmersión y un par de mails corp y estoy pronto para salir a almorzar, tirarme un rato a dormir y organizar la tarde. El aire es escaso por los 2,200 mts de altura, pero me voy aclimatando. Pienso salir a correr para hacer un poco de reconocimiento, pero voy a esperar un poco. Mato por un té de coca. En Bolivia te los ofrecían en todos los bares, pero allá están a 4,000 y pico. Después pretenden ser altos, ridículos. A esa altura viven las cabras, con las cuales me
identifico pero no comparto genes, unfortunately.

Esta noche tengo una pelea de lucha libre (por trabajo, veré de hacer un deal) y un poco de absorción cultural. Parte importante de mi trabajo es entender qué está pasando, qué tendencias existen y vendrán, es clave vivirlo sin intermediarios.
Eso signfica desloguearme.
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