Quizás mencioné que empecé a
jugar al fútbol de grande. De hecho empecé a interesarme en el deporte ya pasados los 20 años.
De pendejo hacía en el colegio, obvio. Como niño de escuela en USA jugaba al baseball, tenis y al soccer, pero casi nada. En la secundaria hacía rugby (era pilar), atletismo (si se puede llamar así), pero era un desastre.
A los 15 tuve un problema en los huesos (débiles) por lo que me tuve que operar, me prohibieron correr o hacer cualquier cosa que implicara impacto. Entonces me dediqué a la natación, con lo cual me divertí mucho varios años.
Cuatro años después de eso me dieron el OK para volver a correr. Ahí empecé a ir al gimnasio, incurrí en el fútbol, pero muy de a poco. Empecé a jugar regularmente hace tres años, hace dos empecé con basket, por lejos lo que más me divierte jugar.
Lo malo es que soy pésimo, no sirvo mucho para el fútbol. Por lo menos corro, pongo huevo y defiendo. ¡Aunque ahora
me cuestionan hasta eso!
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Como mucho en la vida, la culpa de esto es de los padres. No es que no me incentivaron, es que al no verlos a ellos no tenés punto de comparación. Ni se si tenía demasiadas pelotas de fútbol o lo que sea de pendejo, pero lo importante para mi es verlos a ellos jugar, no se. Creo que fue una decisión bien conciente de que quería que me guste jugar, cosa que logré que me entre de una en la cabeza, y vas transformándote.
Esto aplica para muchas cosas, por eso me divierte el concepto. Si querés ser muy simpático, podés. Si querés ser un galán, adelante. Si te interesa ser la persona más informada de la fiesta, preparate y ya. Está bueno poder elegir.
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