yin-yang
Siento profundo disgusto con quienes sólo te usan para verter sus pálidas en una palangana de lamentos pero jamás te llaman exaltados cuando cierran ese negocio que les salvó el año.
Con esto en mente procedo a relatar que tuve un buen día. Arranqué lento, muy lento, tomé cuatro cafés antes del mediodía. Cerca de las 12 partí al encuentro de mi adorada hermanita, almorzamos menús ejecutivos hablando de planes grandilocuentes y primeras citas, atendidos por una de las mozas más eficientes que me han tocado en los últimos 5 años. Me arrepiento de no haberle dejado más propina.
La tarde me trajo un par de buenas ideas y mejores ejecuciones, casi equiparables en satisfacción. Pagué alquiler + mueble, recaí en mi periódica apuesta de $20 a consumir la fruta antes que pudra y me fui a correr un balón de cuero e intentar no golpear a nadie. Resultó divertido, metí gol, ninguna baja (veníamos de un par de malas semanas).
Por la noche comida en lo de Madre con hermano e invitada, divertida conversación, fotos del MUCHI y un poco de tinto. Sin embargo lo mejor del día, por lejos, tiene que ser la bolsa de hielo que tengo en el tobillo mientras escribo.
Labels: life

1 Comments:
si fueran todas pálidas ellas mismas sería la norma y por definición dejarían de ser malas.
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