hacia una teoría de la motivación del trabajador
Acabo de terminar de leer un artículo excelente en el Economist sobre la gestión de talento en las Big Four accounting firms.
Mientras que sus conceptos y prácticas agresivas de retención y capacitación no son exportables a todas las organizaciones, creo que son muy interesantes y podrán abrirle los ojos a más de un gerente.
El punto es que las organizaciones de servicios (consultoría, auditoría, estudios, etc) venden cerebros, horas de sus mejores pensadores, es decir, gente. Entonces deben cuidar esa gente porque es la única razón por la cual alguien les paga. Más que atraer los mejores cerebros - estas compañías solo compiten entre si - su problema número uno es retener la gente buena.
El costo para la organización de perder un empleado estrella es altísimo, identificar y reclutar a los mejores profesionales con experiencia y un track record probado es carísimo.
Me gustaría ver más empresas que valoren así a sus mejores empleados. Pasa demasiado seguido que oigo personas quejarse de que están mal compensados, mal tratados, que su jefe es un amarrete o el dueño de la empresa no sabe que tiene que tener a las personas contentas. Es de lo más usual oir cómo un empleado raso se expresa inconformismo con un detalle insignificante de su vida cotidiana: falta de café o agua, rigidez innecesaria con ciertos horarios, prohibiciones insensatas de uso de telefonía celular o internet.
Sin lugar a dudas existe un límite, tampoco es lógico gastar la mitad del presupuesto en golosinas para los empleados, implementar un laissez-faire total con horarios de entrada y salida, o tener a la recepcionista ocupada chateando en vez de atendiendo la puerta.
El contra-argumento siempre viene por el lado de los retornos en productividad basada en la motivación. En mi (limitada) experiencia eso es cierto, pero también inciden muchísimo factores como lealtad hacia el jefe o la empresa, compromiso general con el trabajo, interés por la industria en la que se encuentra la empresa y en progresar.
Al fin del día pienso que todo se reduce a un simple quid pro quo, el empleado debe trabajar, comprometerse, responsabilizarse, interesarse como si fuera su propia empresa. El empleador debe motivar, reconocer, remunerar adecuadamente y capacitar. El resto es puro ruido.
Mientras que sus conceptos y prácticas agresivas de retención y capacitación no son exportables a todas las organizaciones, creo que son muy interesantes y podrán abrirle los ojos a más de un gerente.
El punto es que las organizaciones de servicios (consultoría, auditoría, estudios, etc) venden cerebros, horas de sus mejores pensadores, es decir, gente. Entonces deben cuidar esa gente porque es la única razón por la cual alguien les paga. Más que atraer los mejores cerebros - estas compañías solo compiten entre si - su problema número uno es retener la gente buena.
El costo para la organización de perder un empleado estrella es altísimo, identificar y reclutar a los mejores profesionales con experiencia y un track record probado es carísimo.
Me gustaría ver más empresas que valoren así a sus mejores empleados. Pasa demasiado seguido que oigo personas quejarse de que están mal compensados, mal tratados, que su jefe es un amarrete o el dueño de la empresa no sabe que tiene que tener a las personas contentas. Es de lo más usual oir cómo un empleado raso se expresa inconformismo con un detalle insignificante de su vida cotidiana: falta de café o agua, rigidez innecesaria con ciertos horarios, prohibiciones insensatas de uso de telefonía celular o internet.
Sin lugar a dudas existe un límite, tampoco es lógico gastar la mitad del presupuesto en golosinas para los empleados, implementar un laissez-faire total con horarios de entrada y salida, o tener a la recepcionista ocupada chateando en vez de atendiendo la puerta.
El contra-argumento siempre viene por el lado de los retornos en productividad basada en la motivación. En mi (limitada) experiencia eso es cierto, pero también inciden muchísimo factores como lealtad hacia el jefe o la empresa, compromiso general con el trabajo, interés por la industria en la que se encuentra la empresa y en progresar.
Al fin del día pienso que todo se reduce a un simple quid pro quo, el empleado debe trabajar, comprometerse, responsabilizarse, interesarse como si fuera su propia empresa. El empleador debe motivar, reconocer, remunerar adecuadamente y capacitar. El resto es puro ruido.
Labels: work

5 Comments:
quedó claro que no tomo posición ni con el empleado piquetero ni con el empleador tacaño, no?
Masajes una vez por semana es lo más.
dónde trabajás? quiero mandar mi cv
Acabás de hacer público mi pensamiento...
Acabás de darle sentido a mi carrera toda, los dos últimos parrafos son el centro.
Mencantó.
me alegra que te haya gustado!
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