poli says

Neenah Juarez
La Sra. Nina no podía subir su foto en blogger (Nina quien siempre comenta en mis posts y a quien vieron en situación de derrumbe en las fotos del post anterior), así que me pidió a mi que haga algo al respecto.Decidí subir su foto con la intención de que pueda ponerla en su perfil desde mi link y luego borrarla.El problema es que esta foto de Nina me parece tan estupenda que la voy a dejar, no sin antes compartir partes de una nota para que conozcan a esta mujer maravillosa.
Por Alejandra Dandan.Talla de tirana.Nina Aragonés de Juárez, la única gobernadora –aunque tambaleante– del país, alguna vez fue una “flaca pizpireta” que gozaba cuando la tiraban a la pileta vestida. Igual que su porte, su prontuario se engrosó construyendo redes de espionaje y cortes de brujos que ahora viven de su gobierno. Amante del whisky, los barbitúricos y la ropa de marca, se da el gusto de llamar “negros de mierda” a los pobres que componen el 86 por ciento de la provincia que conduce. Retrato de una mujer que goza del poder como si estuviera cobrando una revancha.Siempre le fascinaron los bordes. Hace muchos años, cuando su cuerpo aún conservaba delicadísimas formas de mujer solía pasearse de noche por los bordes de la inmensa pileta de los jardines de su casa. Para entonces, su casa reunía a un nutrido grupo de gente en largas noches de fiesta. Llegaban funcionarios, diputados, ministros o aspirantes. Estaban todos. Todos los hombres del juarismo. Nadie se acuerda ahora cómo empezaban aquellas noches. O tal vez nadie se anima a recordarlo. Los muchachos de entonces sólo logran recuperar de su memoria alguna escena con su imagen. Aún no era La Nina. Aún no era la única gobernadora del país. Ni siquiera habían comenzado sus años de tiranía más dura. Era sólo Mercedes Aragonés, recién casada con Carlos Juárez. “Una flaquita exuberante y pizpireta”, dice uno de esos viejos amigos que en este mismo momento lanza otra frase: “Que en mitad de la noche nos ordenaba que la tiremos así como estaba en la pileta: con vestido, pañuelo y zapatos de gala”.Las fiestas de los Juárez desaparecieron hace años. José Figueroa, aquel amigo, era parte del núcleo de amigos íntimos. Conoció la casa de las fiestas, las bacanales, los delirios de esa flaca pizpireta en la que fue creciendo otra mujer: Nina Juárez, y su leyenda. Eran los años del segundo gobierno de Carlos Juárez: 1973.[...]Figueroa asegura que aun después de tantos años no puede armarse una idea clara de lo que significa esa mujer: “Todo –dice–, pero todo lo que digan, todo es absolutamente cierto”. Todo son sus flores violetas o coloradas colgándole del pecho. Sus discursos excesivos. Sus decretos. El bastión de 200 punteras políticas que arrastran a las miles y miles de mujeres de la provincia. Sus “Quijotes con faldas”, como les dice: la rama femenina del partido que administra la asistencia del Estado como premios y castigos. Todo es también esa necesidad de estar siempre a oscuras salvo por un jirón de luz que se desprende de una única lámpara baja en su inmenso despacho y esos trece brujos brasileños, que juran en la provincia, viven de su gobierno y le bisbean al oído, para completar la estética lópezreguista de una administración que hace gala de sus fuerzas represivas paralelas. Y todo son también sus vicios: los Johnnie Walker Etiqueta Roja tomados en el Tabak, el insomnio, las pastillas con las que desde hace años combate noches de desvelo y con las que, tiempo después, comenzó a profundizar los efectos lacerantes de los tragos. –Yves Saint Laurent –dice de pronto el diputado–, tuve que aprendérmelo en francés.La marca que gobierna el closet de La Señora. No es sólo una villana. Nina tiene matices, pero cada una de sus facetas no hacen más que tallar su figura de tirana. L.R. la recuerda sentada en una de las mesas del Tabak de Avenida del Libertador, uno de los pocos sitios públicos donde recala en cada viaje a Buenos Aires desde que cambió su domicilio legal de Santiago por el de la calle 3 de Febrero del coqueto barrio de Belgrano. L.R. la escuchó reír sobre la mesa del bar. Sintió sus siniestras carcajadas. Conoció sus whiskies, sus naufragios psíquicos alentados por las pastillas. La escuchó pronunciar “negros de mierda” cada vez que hablaba de sus queridos santiagueños, de los pobres, del 86 por ciento de la provincia que vive y depende del Estado. [...] Ella tiene una herencia de suicidas. Madre, padre, hermanos. A mediados de los 50, conoció a Carlos Juárez en uno de los vagones del tren que recorría la ruta entre Santiago y Buenos Aires. Eran los años previos al golpe de La Libertadora. Ella era una maestra de escuela, parte de la clase media acomodada de Santiago con familia en la lejana y coqueta provincia de Buenos Aires. Juárez era senador nacional, ex gobernador de Santiago, ex monaguillo, ex dirigente de la derecha peronista, ex miembro de la Acción Católica. Padre de dos hijas y de un varón, esposo recatado. Lo que pasó entre ellos ahora es parte del mito con el que han fundando su leyenda. Algunos dicen que con el compromiso libraron un pacto, un pacto que tiene códigos y hasta secretos de sangre. Lo cierto es que con el encuentro, Juárez perdió a sus hijos. Nina diseñó un mecanismo de espionaje para impedirle durante años y hasta ahora cualquier encuentro con ellos. El aceptó. Ella negó sistemáticamente a la ex esposa del ex gobernador. Otra vez, durante años y hasta ahora, aquella mujer permanece en estado de locura. Se ha quedado con una pensión graciable que le permite la cobertura del PAMI para una casa de enfermos psiquiátricos. [...]
Labels: buenos aires, familia, fashion, fotos, sociales

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